Con el lema “Su Cruz, Mi Vida; Su Gloria, Mi Destino”, del 1 al 5 de abril, 39 jóvenes de la Diócesis de Cabimas participaron en la XXVI Pascua Juvenil Diocesana 2026, acompañados por un equipo de 17 servidores. Siendo sede en esta oportunidad, la Parroquia del Divino Niño en Ciudad Ojeda.
El encuentro, organizado por el Secretariado de Pastoral Juvenil, inició el Miércoles Santo con la Eucaristía y la procesión del Nazareno en la parroquia sede. La celebración fue presidida por el Padre Jesús Rosillo, párroco anfitrión que brindó acompañamiento y guía espiritual a los jóvenes durante todo el retiro.
Esta vigésima sexta edición representó un verdadero renacer para la pastoral, implementando una metodología nueva basada en una meditación profunda del Viacrucis, la cual se espera preservar en el tiempo como un pilar fundamental para las futuras pascuas diocesanas.
Durante el encuentro, se llevaron a cabo una serie de actividades que incluyeron celebraciones litúrgicas, momentos de oración profunda y el tradicional compartir fraterno. La vivencia del Triduo Pascual permitió a los jóvenes de las distintas parroquias del territorio diocesano, reconocer el amor de Jesús como una realidad viva y presente en sus realidades.
Uno de los testimonios es el de José Rivas, de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, quien compartió: “Siento que la pascua me hizo renacer. Los coordinadores y participantes me ayudaron a reflexionar sobre las cosas que me estaban apagando; pude entender que el amor infinito que Cristo me tiene es real y que soportó lo inhumano por mí para que yo no tuviera que cargar con mis propios pecados”.
Asimismo, Sabrina Torres, de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, afirmó: “Vivir la pascua para mí fue el regalo más hermoso que Dios pudo darme. Sanó mi corazón y me regresó ese ánimo y luz para seguir permaneciendo en su camino. Sin duda alguna, un antes y un después”.
La jornada finalizó con la alegría de la Resurrección, reafirmando el compromiso de la juventud de la Diócesis de Cabimas de ser testigos de la Gloria de Dios y de llevar en alto que Su Cruz es, desde ahora, nuestra fuente de vida.


